La competición entra en su segunda fase este fin de semana y tanto EASO Basket como Ointxe lo hacen con sensaciones de crecimiento, aprendizaje y una clara intención de dar un paso adelante como grupo. Dos proyectos distintos, pero unidos por una misma idea: competir desde la identidad, el trabajo diario y el desarrollo colectivo por encima de la urgencia del resultado.
En EASO, su entrenador Pablo Simón hace un balance muy reflexivo de la primera fase, marcada por la irregularidad pero también por momentos de gran nivel. El técnico considera que el recorrido inicial ha sido una “excelente oportunidad para aprender desde los errores”, insistiendo en que el proceso de mejora no siempre es lineal. “No está siendo fácil y en muchos momentos nos está costando, sobre todo a nivel mental y motivacional”, reconoce, aunque se muestra convencido de que el equipo ha ido construyendo una identidad clara y que, cuando todos están conectados, es capaz de competir muy bien y ofrecer un baloncesto atractivo.
Esa irregularidad se ha reflejado en resultados muy distintos y en sensaciones cambiantes partido a partido. Simón apunta a la ejecución de los fundamentos como uno de los factores clave: “Hemos acusado mucho el no hacer bien los básicos y no tener el suficiente foco mental para trabajar los conceptos que nos diferencian, especialmente en defensa”. En ataque, el reto pasa por ganar solidez en las estructuras básicas que permitan enlazar el juego, dotarlo de mayor dinamismo y mejorar tanto el acierto como los recursos técnicos individuales. Aun así, el entrenador destaca la voluntad competitiva del grupo y su capacidad para jugar de forma generosa, una base sobre la que construir lo que viene.
La segunda fase arranca además con un partido especial para EASO, al enfrentarse a otro equipo del propio club. Un contexto distinto que, lejos de generar tensión negativa, el técnico entiende como un reflejo del buen trabajo formativo que se realiza en la entidad. “Habrá más nervios de lo normal, pero el pique sano es positivo y ayudará a que los jugadores aprendan a manejar situaciones de presión”, explica, insistiendo en la importancia de mantenerse fieles al plan de juego, cuidar los detalles sencillos y competir desde la continuidad y la solidez.
Durante las últimas semanas, el cuerpo técnico ha insistido especialmente en la construcción de una identidad reconocible: un juego rápido, dinámico y colectivo, con valentía para asumir responsabilidades y con protagonismo del tiro exterior, especialmente desde el triple, siempre generado desde el trabajo en equipo. Todo ello complementado con un trabajo individual orientado a mejorar la técnica aplicada a situaciones reales de juego y con la incorporación progresiva de recursos tácticos colectivos para generar ventajas.
Más allá de la clasificación, el mensaje de Simón es claro: volver a disfrutar del proceso. “Nuestro objetivo es valorar el día a día y enamorarnos de un proceso común. Si trabajamos bien y disfrutamos compitiendo, el resultado acabará llegando”, afirma, convencido de que el equipo puede ofrecer un baloncesto alegre y atractivo tanto para jugarlo como para verlo.
En Ointxe, el balance de la primera fase es igualmente positivo, en una liga que ha sorprendido por su enorme igualdad. Francisco Fernández reconoce que el equipo no esperaba una competición tan ajustada, con numerosos partidos decididos por márgenes mínimos. A pesar de un calendario inicial exigente, enfrentándose pronto a los favoritos, el equipo supo transformar esa dificultad en una oportunidad para crecer y competir de tú a tú, logrando incluso victorias clave que permitieron cumplir con antelación el primer objetivo: acceder a la A-1.
El técnico destaca especialmente la evolución de un grupo formado mayoritariamente por jugadoras procedentes de ligas provinciales, que han dado un salto importante en el plano competitivo, táctico y técnico. Aunque reconoce que el equipo no es tan largo como otros y que el desgaste físico se ha notado al final de la fase, el haber alcanzado el objetivo con margen ha permitido recuperar energías y plantearse retos más ambiciosos para esta segunda parte del campeonato.
En cuanto a la regularidad, Fernández es autocrítico y señala que es uno de los aspectos a mejorar. “Hemos hecho grandes partidos ante grandes rivales y otros más discretos contra equipos de nuestro nivel”, explica, en el contexto de una liga extremadamente competida, en la que las diferencias entre posiciones han sido mínimas. Una exigencia que, en su opinión, resulta muy positiva para el desarrollo de las jugadoras, al convertir cada partido en un reto real.
El trabajo reciente se ha centrado tanto en la recuperación física y emocional como en la redefinición de objetivos. Con la permanencia asegurada, el equipo se permite ahora mirar más arriba y exigir un paso adelante competitivo. Sin perder de vista, eso sí, el objetivo principal del proyecto: la formación integral de las jugadoras y su progresión dentro de la estructura del club. “Somos parte de una escalera que debe llevar a las jugadoras con más nivel a tener un sitio en el primer equipo”, recuerda Fernández.
De cara a esta Fase A-1, el entrenador de Ointxe espera ver un equipo capaz de competir con todos, consistente en los momentos difíciles y fiel a una forma propia de entender el baloncesto, donde los recursos individuales estén siempre al servicio del colectivo. También subraya la importancia del comportamiento y del ejemplo, tanto dentro como fuera de la pista, para convertirse en un referente para las generaciones más jóvenes del club.
Con trayectorias y contextos diferentes, EASO y Ointxe afrontan la segunda fase desde una idea común: crecer, competir y disfrutar del camino. Un punto de partida que promete partidos exigentes, aprendizajes constantes y proyectos que buscan consolidarse desde la identidad y el trabajo colectivo.